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PERÚ
 
 

 
ESTOS SON LOS NARCOTRAFICANTES
 
 
  
PRIMERA PARTE:

COCA
COCAINA
MARCOTRAFICO 

Introducción 
 
El narcotráfico es un crimen y un delito controlado por poderosas estructuras de poder político y económico y cuyo centro principal está en el país más rico –y quizá corrupto– del mundo libre. Consiste en la producción, transporte y comercialización ilegal de algunas drogas, una de estas es la cocaína.
 
En el mismo lodo del narcotráfico, sumergidos hasta el cuello, se encuentran delincuentes, funcionarios, policías, militares, empresarios y políticos, pero como dice el dicho: “el ladrón cree que todos son de su misma condición”; y así, quieren arrastrar hacia  la cochinada en que se encuentran a humildes campesinos cocaleros y a guerrilleros del Partido Comunista del Perú. Pero la verdad tarde o temprano se abre paso y los pueblos cada vez más van comprendiendo quienes son los narcotraficantes que tanto daño hacen a sus hijos y a la humanidad.
 
Hay quienes a pesar de estallarle en su dura cara la corrupción y su relación con el narcotráfico se empecinan en defender a capa y espada el narcoestado y a sus representantes, la dupla Montesinos-Fujimori, ¿por qué será? Así se manifiestan estos cómplices: “En 1992, se tomó la decisión de combatir frontalmente a los grupos terroristas y narcotraficantes, que tanto daño habían causado al país; la Estrategia de Pacificación diseñada, comenzó rápidamente a dar sus resultados, cambiando así el curso de la historia... La decisión política de desarrollar una estrategia de lucha contra el terrorismo y el narcoterrorismo no podía de ningún modo, carecer de una estructura jurídica compatible con la situación que vivía el país, consecuente con el tipo de guerra que se desarrollaba y capaz de solventar con eficacia la conducta del Estado y de sus instituciones contra estos delincuentes. Este andamiaje legal dotó al sistema jurídico de leyes como la que creo los tribunales sin rostro, la ley sobre el delito de terrorismo, la ley de arrepentimiento, etc., todas ellas coadyuvaron a lograr un clima de paz y estabilidad...”
 
En las siguientes páginas demostraremos lo que ya la opinión pública   internacional    tiene   conocimiento   con respecto a los asquerosos gobernantes peruanos, los poderes del Estado y su columna vertebral –sus fuerzas militares–. Demostraremos que tienen sus conciencias sumergida en la podredumbre  del narcotráfico tratando  de lavarlas  con la inocencia y la sencillez de los campesinos y de los guerrilleros del PCP. Igual como así sus manos vertieron la fresca sangre de los mejores hijos del pueblo en un genocidio tras otro. 
 
LA COCA
 
Su nombre científico (Erytroxylum coca) es un arbusto que se encuentra en  valles calientes y húmedos situados entre los 1000 y 2000 metros de altura, en las “Yungas” de la amazonía es decir en la vertiente oriental de la Cordillera de los Andes.
 
La hoja se cosecha  3 a 4 veces al año por tanto se necesita intensa mano de obra dando ocupación a millares de campesinos. Posee 14 alcaloides naturales uno de ellos es la cocaína que tiene propiedades anestésicas y analgésicas. Estos 14 alcaloides, los aminoácidos que contiene, los ácidos y las vitaminas A, B1, C y E, la tiramina, niacina y riboflavina, la convierten en la planta más completa del universo en Nitrógeno no Proteico, que es lo que elimina las toxinas y patologías del cuerpo humano.
 
Se comparte en las actividades sociales y en los descansos durante las jornadas de trabajo. Es imprescindible en cualquier fiesta andina, curando además los malestares estomacales y los efectos del mal de altura (soroche). Su consumo es esencial en las minas por estar ligado a las duras condiciones de trabajo, aliviando la sensación de hambre y cansancio.
 
Se usaba en las antiguas culturas incas y preincas donde tenía carácter sagrado, se echaban sus hojas al suelo en honor de la Pachamama (Madre Tierra), al iniciar las cosechas o al edificar sus casas, era ofrecida al Dios Inti (Sol) antes de ponerse a coquear... También se le atribuyen propiedades terapéuticas. Los aceites de coca  se usaban para la trepanación de los cráneos y el alargamiento de los mismos, señal de la nobleza incaica y de mayor coeficiente intelectual.
 
La administración incaica impulsó a los pueblos conquistados al pago de un tributo en coca y además organizó un sistema de producción estable de coca en plantaciones que pasaron a ser propiedad del Inca.
 
Combatida y perseguida,  como sustancia nociva, la coca estuvo a punto de pasar al mundo de la ilegalidad. Satanizado su cultivo y consumo por los españoles a poco de conquistar el reino inca sostenían que el uso ritual de la coca impedía la cristianización de los indígenas. Luego se le combatió porque bloqueaba su asimilación cultural al mundo “civilizado” de los blancos; luego, cuando se descubrió la cocaína se le relacionó con el mundo de los narcóticos. Comparación falsa que el antropólogo E. Mayer  desmiente: “hay que diferenciar entre la masticación de coca en el mundo andino y el uso de la cocaína en el mundo occidental. Se comparan uno a otro en términos de potencia y peligro como se compara el uso de burros y aviones supersónicos como medios de transporte, y las conclusiones de un aspecto carecen de validez para el otro".
 
Vale la pena recordar el rol que cumple la producción, consumo y uso de la coca en las sociedades andinas en momentos que la masiva producción de cocaína tiende a velar el ancestral papel–cultural, productivo y religioso de la “preciada hoja” como gustaba llamarla el Inca Garcilaso de la Vega.
 
J. Hulshof, investigador de la UNAM–Mexico: “Indudablemente la coca es el producto vegetal que tiene la aplicación más amplia en todos los aspectos de la vida de la población andina. En realidad, no pasa día alguno en que en una familia no se utilice estas hojas por uno u otro motivo”. 
 
En las relaciones sociales la coca es un regalo que significa amistad y generosidad; en toda fiesta el compartir la coca y chaccharla juntos es un acto importante, que sella las relaciones de confraternidad y confianza entre los participantes. En el trabajo se chaccha en conjunto durante el descanso para adquirir nuevas fuerzas...
 
Quienes piensan que la solución al narcotráfico reside en erradicar la coca, están en un gran error. Seguramente la sociedad occidental encuentre un rápido sustituto a la cocaína procedente de la coca para continuar evadiendo el mundo, pero las sociedades andinas  no podrán encontrar un equivalente a la coca.  E. Mayer afirma: “El uso de la coca es insustituible porque el profundo significado místico y mítico que la coca tiene no es reemplazado por un equivalente funcional”. “Sin la coca, continua el antropólogo, se pierde el elemento integrador, una forma de valorar las relaciones humanas y la riqueza cultural que esta implícita en su uso social. Por ello negar y menospreciar  el uso social de la coca es un acto de etnocidio (...) que sólo el hombre blanco, en su infinita soberbia, ha podido perpetuar repetidas veces en las culturas indefensas”. 

LA COCAINA

Es uno de los catorce alcaloides de la coca, su nombre científico es  Benzoil-metil-ecgonina   y  su   fórmula   molecular   es   C17H21NO4.
 
Actúa como analgésico o anestésico local, aliviando el dolor o suprimiendo la sensibilidad en el lugar en que se aplica. La actividad estimulante de la cocaína se manifiesta cuando la droga pasa a la circulación general. Las formas de absorción varían: Inyecciones intravenosas, gotas conjuntivales, pomadas para las mucosas, píldoras e inhalaciones nasales. La más usual es su absorción por la nariz.
La droga pasa en unos segundos desde la mucosa nasal hasta la circulación sanguínea. El efecto estimulante produce una locuacidad desbordante, una excitación de las facultades intelectuales y una disminución de la sensación de fatiga que favorece el esfuerzo físico. Tomas sucesivas producen alucinaciones visuales y sensoriales.
 
Si la intoxicación es por sobredosis se producen alucinaciones, taquicardia, vómitos, espasmos musculares, excitabilidad. Estos síntomas pueden ser seguidos por respiración irregular, convulsiones, coma e insuficiencia circulatoria. Puede producirse incluso la muerte casi inmediatamente. En la intoxicación crónica se producen alucinaciones, deterioro mental, pérdida de peso y cambios de carácter.
 
Historia de utilización de la cocaína:

La cocaína pura fue aislada de la hoja de coca en 1858 por A. Nieman. En 1884 se aplicaron por vez primera las propiedades anestésicas de la cocaína en cirugía (anestesia local) por karl Koller. Este mismo año  Freud  publicó  un ensayo  “Ueber Coca” donde la recomendaba contra  todo  tipo  de  enfermedades  especial  para  aliviar  la tensión  nerviosa y la fatiga.
 
En la última década del siglo XIX la cocaína se comenzó a consumir con fines recreativos en forma de polvo para inhalar, se extendió rápidamente tanto en EE.UU. como en Europa, en el mundo de “la alta sociedad” y en el artístico. Angelo Mariani, químico corso, fue el primero en hacer negocio con la cocaína. En  1863  lanzó  al  mercado  un  vino  hecho  a  base  de extracto de coca que bautizó con el nombre de “Vin Mariani”. En poco tiempo fue uno de los productos farmacéuticos más prescritos por los médicos. En esta época la empresa farmacéutica Parke Davis vendía coca en forma de cigarrillos y bebida alcohólica llamada “Coca Cordial”. Es probable que la Coca-Cola sea una imitación del Vino Mariani. Inventada por Jhon Smith Pembarton, fue  lanzada la bebida en 1895 como medicamento contra el dolor de cabeza y como estimulante. Su secreto radicaba en que la nueva bebida contenía cocaína.
 
Cuando en 1906 la cocaína empezó ser ilegalizada en EE.UU., los administradores de la Coca-cola Company reemplazaron la cocaína por la cafeína. A partir de la fecha anterior, el gobierno de EE.UU. empezó una escalada legislativa contra la cocaína y en 1922 el Congreso Norteamericano definió oficialmente a la cocaína como un narcótico, prohibió su importación así como la de las hojas de coca.
 
EL NARCOTRÁFICO

En lo económico, Un kilogramo de sulfato de cocaína o pasta que en Bolivia o Perú cuestan unos 5.000 dólares al llegar a Colombia ya vale 15.000. La cocaína extraída de este kilogramo puede valer en EE.UU vendido a los mayoristas entre 40.000 y 60.000 dólares.
 
Antes de llegar al consumidor directo pasa por un proceso de adulteración donde se mezcla con lactosa, anfetamina, leche en polvo, harina etc. con lo que el producto destinado al consumo no tiene más de un 12 a un 15 % de cocaína pura. El Kg., original ha terminado valiendo entre 200.000 y 500.000 dólares.
 
De estas ganancias los que más se aprovechan son los países consumidores que son donde se realiza el blanqueo de los narcodólares y los que suministran los productos químicos para la transformación de la pasta básica en clorhidrato de cocaína o cocaína pura. También proveen de armas a los gobiernos y a los narcotraficantes.
 
Estos países son el centro de un negocio que es uno de los mecanismos de acumulación financiera más importante, el negocio de la droga mueve en el mundo cada año unos 300.000.000.000 de dólares. El valor monetario del tráfico de drogas ha superado al comercio internacional del petróleo y solo es inferior al comercio de las armas.
 
La producción de la cocaína también ha modificado las economías de los países productores como Bolivia, Perú y Colombia. En Bolivia los ingresos anuales por coca (600 millones de dólares). En Perú la industria de la coca supone unos ingresos de 1.000 millones de dólares anuales, es decir el 30 % de todos sus ingresos por exportaciones legales. Da trabajo al 15 % de la población activa.
 
En lo social, en los países industrializados se padece cada vez más estrés físico o psicológico, fatiga, depresión, dolor de cabeza, de espalda..., que llevan con frecuencia al uso de sedantes o estimulantes. Cada vez es mayor la adicción al consumo de drogas, tanto legales como ilegales, produciendo una serie de problemas sanitarios y delictivos...
 
En lo político, la pérdida no sólo del control económico por parte del Estado, sino también su hegemonía, su autoridad y su legitimidad. Lo estamos viendo en Perú  con el dúo Fujimori-Montesinos.
 
Los capos o señores de la droga han conseguido fragmentar los países productores, constituyendo verdaderos enclaves políticos y militares y en algunos casos establecer “territorios libres” como en Caqueta  (Sur de Colombia) en una isla donde se construyeron en 1983 tres campos para la elaboración de cocaína. Uno de ellos incluye oficinas de dirección, barracones para acomodar centenares de personas, un club de pilotos, una enorme cantina, varias naves para almacenar productos químicos, alimentos, piezas de repuesto, medicinas y dos talleres para la reparación de automóviles y el mantenimiento de los aviones. Los dos campos restantes eran gigantescos laboratorios de cocaína.
 
A partir de setiembre del 83 los aviones operaban diariamente. Llegaban del norte de Colombia con sustancias químicas y partían repletos de cocaína rumbo a la hacienda Veracruz (feudo de Jorge Ochoa, uno de los capos del Cartel de Medellín), 500 Km. al norte de Medellín, desde donde seguían vuelo rumbo a EE.UU.
 
Igualmente intervienen en lo político en sus respectivos países financiando campañas electorales. En 1982, en Colombia, fueron elegidos parlamentarios varios narcos entre ellos Pablo Escobar.
 
La policía, el ejército y los políticos están en gran medida involucrados en este negocio y su postura es ambigua, por una parte aceptan este poder económico pero por otro temen la corrupción y la violencia de los narcotraficantes ya que están acostumbrados a imponerse por la fuerza y no suelen a prestarse a análisis y debates nacionales. Los narcotraficantes han llegado a protagonizar golpes de Estado, como el de García Meza en Bolivia, en 1980, que se conoce como el “golpe de los coca-dólares” 
 
La injerencia de los EE.UU. y los países productores han estado marcados en las últimas décadas por el tema del narcotráfico. A partir de los 70 en que el aumento del consumo de cocaína es cada vez mayor entre los estadounidense comienzan a preocuparse y a partir de los 80 el gobierno comienza a combatir el tráfico de drogas. 
 
“Ronald Regan hizo del combate al narcotráfico uno de los temas claves de su gestión...” Dentro de esta política esta la creación de la “Drung Enforcement Agency”  (DEA). Creada en julio de 1973 brazo especializado del departamento de Justicia que controla todas las actividades relacionadas con el narcotráfico.
 
Michel Levine era un agente de la DEA destacado  a Buenos Aires, Argentina con el fin de infiltrarse en el tráfico de estupefacientes. Jubilado en 1989 el ex agente reveló hechos graves ocurridos de cuando era espía.  El mismo Levine estableció que la DEA y la CIA ofrecían su protección a traficantes de drogas a cambio de cocaína que empleaban para financiar operaciones encubiertas.
 
En Bolivia el golpe de Luis García Meza recibió luz verde de la narcohermandad DEA-CIA para que asumiera el poder, un gobierno narcotraficante.  Además no cabe duda que en Estados Unidos no sólo la CIA y la mafia trafican con drogas,  sino que se inserta también en el negocio la institución que esta llamada a combatir el uso y comercio de estupefacientes. 
 
Los primeros en defender el narcotráfico son los únicos traficantes. Hace 30 años Malcon  dijo una gran verdad: los oprimidos no tienen barcos. La prensa y el gobierno culpan a los oprimidos por la droga, pero el narcotráfico internacional requiere flota de aviones de carga, pistas de aterrizaje en varios países, redes de contactos internacionales, grandes cantidades de dinero para inversión, redes para lavar dinero, y contactos de alto nivel para sacarle el cuerpo a la aduana y la DEA.
 
Cómo pues el oprimido, el humilde campesino cocalero  y el guerrillero que se rebela contra la injusticia y la opresión, cómo va a ser un narcotraficante. ¡No, de ninguna manera!, los pueblos del mundo deben combatir esta calumnia montada por el imperialismo. Aquí damos algunos fragmentos de la misma prensa reaccionaria y servil que no pueden hacer nada para proteger y limpiar las conciencias de sus amos:
 
En 1989, el piloto M. Tolliver le dijo a la CBS, que un tal “Señor Hernández” lo reclutó contratándolo y que en marzo del 86  pilotó un DC-6 (lleno de armas y municiones) de la compañía Butler Aviación del aeropuerto de Miami a la base  aérea de la contra (controlada por el pentágono) en Aguacate, Honduras. Allí, soldados de la contra descargaron las armas y “Hernández” le pagó $70.000. A los tres días, Tolliver pilotó el mismo avión, con una carga de 25.000 libras de droga, y aterrizó como vuelo militar extraoficial en la base aérea de Homestead de las Fuerzas Aérea, cerca de Miami. Cabe destacar que el tal Señor Hernández  en realidad era Felix Rodríguez agente de la CIA que dirigía la operación desde Ilopango de la Fuerza Aérea salvadoreña. 
 
La historia que contó M. Tolliver se repitió una y otra vez en 1987 y 1988 ante la audiencia del subcomité del Senado que dirigía el senador John Kerry: el Subcomité de Relaciones Exteriores sobre Terrorismo, Narcóticos y Operaciones Internacionales. En 1989, ese subcomité publicó un informe que documenta que el Gobierno reclutó importantes narcotraficantes,  utilizaba sus aviones para “aprovisionar a la contra”, y que esos aviones iban a Centroamérica con armas y regresaba con drogas.
 
El Washington Post del 20 de enero de 1987 informó: “Según varias fuentes informadas, un testigo le dijo al Buro Federal de Investigaciones en el verano de 1986 que vio un avión de Southern Air Transport –aerolínea de carga de Miami, propiedad de la CIA– en un traspaso de armas y droga en una pista de aterrizaje de Barranquilla, Colombia, en 1983”. La testigo, esposa de un narcotraficante de peso, le dijo al subcomité que “vio aviones de Southern Air Transport aterrizar en Barranquilla, Colombia, descargar armas y cargar cocaína”. 
 
El  congreso prohibió el 84 a la Casa Blanca, el Pentágono y la CIA armar  en  secreto  a  la contra. Por  eso, se  redobló el reclutamiento de narcotraficantes para hacerlo. El Congreso sólo le permitió a la Casa Blanca enviar “ayuda humanitaria” a la contra. Según el informe del subcomité Kerry, el Departamento de Estado transfirió más de $800.000 de “ayuda humanitaria a cuatro compañías de Miami vinculadas a grandes redes de narcotráfico: 
 
$317.425.17 a Vortex, una aerolínea de carga cuyo vicepresidente ejecutivo figuraba en tres investigaciones del FBI por narcotráfico cuando el Departamento de Estado le dio dinero. Según el Guardián del 20 de marzo de 1988, Michael Parme, el dueño de Vortex, dijo que la compañía trajo  $40 millones de droga a Estados Unidos entre 1977 y 1985. 
 
$261.930 a Frigoríficos de Puntarenas, una operación, de narcotráfico y lavado de dinero, disfrazada de flota de barcas pesqueras de camarones en el golfo de México. Una parte de esta operación, una compañía llamada Ocean Hunter, enviaba $200.000 al mes en efectivo a la contra. 
 
$185.924.24 a SETCO, otra aerolínea de carga, cuyo dueño era el multimillonario Juan Ramón Matta Ballesteros, el mayor traficante de cocaína de Honduras. Según informó Newsweek (5 de mayo de 1985), Matta traía hasta un tercio de la cocaína que llegaba a Estados Unidos.
 
$41.120.90 a DIACSA, que según memoriales del FBI era un centro de tráfico de cocaína y lavado de dinero. Los dos dueños de DIACSA participaron en el fiasco de Playa de Girón, la invasión de Cuba financiada y dirigida por la CIA. En 1988, en el juicio del general Manuel Noriega de Panamá, se supo que DIACSA transportaba dogas para apoyar a la contra. 
 
En pocas palabras, desde que comenzó la guerra de la contra en 1981 y especialmente después de 1984, el Gobierno estadounidense formó una flota de aviones de los principales narcotraficantes. Esa red llevaba armas al ejército de la CIA en Centroamérica y regresaba con droga.
 
La CIA no sólo era dueño de aviones y reclutaba estos y también a narcotraficantes para sus operaciones sino  que también controlaba los aeropuertos, las aduanas y daba protección a los traficantes. A comienzos  de 1984  dos  representantes  de la contra  (Octavio Cesar y Adolfo “Popo” Chamorro) se reunieron con George Morales (un narco colombiano de peso acusado de narcotráfico en Estados Unidos), en la casa de un rico exilado nicaragüense en Miami. Morales organizó muchos vuelos de armas por drogas entre Centroamérica y Estados Unidos, y más tarde habló de esas actividades ante el subcomité Kerry. Le dijo al Instituto Christic que contribuyó aproximadamente $5 millones de ganancias de narcotráfico a la contra en 1984 y 1985. El pago era parte de un acuerdo con tres dirigentes de la contra pactada un par de meses después de ser acusado de narcotráfico. El pacto era que ellos “resolverían” sus problemas legales a cambio de apoyo financiero y logístico. Ante el subcomité, Morales dijo que sus pilotos llevaban armas a bases de la contra y regresaban a Estados Unidos con drogas. Morales dijo que la CIA construyó una pista de aterrizaje en Costa Rica, en el rancho de Jhon Hull (un ciudadano estadounidense), y que sus pilotos llevaron 20 cargamentos de armas a Costa Rica en 1984 y 1985 y regresaron con miles de kilos de cocaína. Esto lo confirmó Gary Betzner, un piloto de Morales, quien dio testimonio de que voló cocaína de Costa Rica a Lakeland, Florida: “Pasé de contrabando cantidades de armas, a sabiendas de la DEA y la CIA y con su ayuda” (Newsweek, 26 de enero de 1986).
 
En mayo de 1990, el narco colombiano Carlos Ledher le dijo a ABC que J. Hull “enviaba unas 30 toneladas de cocaína a Estados Unidos cada año”. Morales describió ante el subcomité Karry la protección que recibió mientras trabajara para la contra: a pesar de habérsele entablado un proceso por narcotráfico y de las objeciones de la DEA., podía entrar y salir del país a sus anchas gracias a una orden judicial. Sus aviones aterrizaban en la base aérea llopango, el Salvador, protegida por el ejército, y durante dos años cargaron armas y descargaron droga a pleno día en el Aeropuerto Ejecutivo de Fort Lauderdale, Florida.
 
La CIA siempre niega  que reclutó narcotraficantes. Pero existen muchas pruebas de que los amigos de la contra les hacían “una oferta que no podían rechazar”: prometían protegerlos a ellos de los tribunales, y proteger sus vuelos a aeropuertos y bases militares de Estados Unidos. A cambio, se formó una red de aviones de carga y pilotos “autofinanciada” que no se podía vincular fácilmente a la CIA o al Departamento de Defensa. 
 
Durante el juicio del general Noriega en 1991, el narco colombiano C. Lehder (un testigo de cargo) dijo que un funcionario del Gobierno estadounidense ofreció dejarle traer cocaína si permitía que la red de ayuda a la contra usara una isla de las Bahamas de la que era dueño. Lehder también dijo que el cartel colombiano contribuyó unos $10 millones a la contra.
 
Los vuelos de M. Tolliver y otros traficantes a bases militares estadounidenses eran rutinarios. En abril de 1987 el Boston Globe informó que entre 50 y 100 vuelos “arreglados por la CIA han despegado o aterrizado en aeropuertos de Estados Unidos durante los últimos dos años sin inspección” de la Aduana. Con la protección del Gobierno, esos traficantes usaban bases militares, como la base Homestead de la Fuerza Aérea, cerca de Miami, bases de la Fuerza Aérea en Texas y pistas de aterrizaje cerca de Mena, Arkansas (cuando Bill Clinton era gobernador).
 
En Latinoamérica, la operación utilizaba dos bases aéreas controladas por Estados Unidos, además del rancho de Jhon Hull, de las bases aéreas del Gobierno panameño y de pistas de aterrizajes en Barranquilla, Colombia. Una era la base Ilopango de las Fuerzas Aérea salvadoreña, virtualmente bajo el control del Pentágono. En 1985, el coronel James Steele, jefe del grupo de Asesoría Militar en el Salvador, estaba a cargo de Ilopango y dirigió personalmente esa parte de la operación de ayuda a la contra. La otra era la principal base de la contra en Aguacate, Honduras. Esas bases eran muy importantes porque contaban con pistas de aterrizaje aptas para grandes aviones de carga militares. 
 
Celestino Castillo, quien fue jefe de la DEA en Honduras, El Salvador y Costa Rica, dijo que le informó a sus jefes que la “Red North” y la CIA tenían una enorme operación de armas y drogas en el aeropuerto militar de Ilopango. Su libro Powder Burns: Cocaine Contras and Drug War, publicado en 1994, Castillo escribió: “En mis informes anoté los nombres de los traficantes, y también el destino,  trayectoria,  número,  fecha  y  hora  de  cada  vuelo.  Cada semana centenares de vuelos llevaban cocaína a los compradores y regresaban con dinero destinado a la gran lavadora de dinero del istmo de Panamá.
 
Castillo dijo que la operación se realizaba  en dos lugares de Ilopango: “La CIA era dueño de uno y el Consejo de Seguridad Nacional del otro”. Gary Webb documentó que la cocaína de la red de distribución de la contra en California pasaba por Ilopango, y que su principal dirigente, Meneses, tenía amistades con generales salvadoreños. “No sabemos hasta qué punto están metidos en el narcotráfico los militares hondureños”, dijo un funcionario del Departamento de Estado. “Pero nuestra suposición es que todos los altos oficiales están al tanto, muchos están involucrados... y todos sacan ganancias.
 
La CIA niega todo esto. Pero los hechos son patentes y muy claros: mientras el Gobierno propagandiza su “di no a la droga”, mientras criminalizaba a toda una generación, ese mismo gobierno estaba metido hasta el tuétano en la importación de cocaína y otras drogas para financiar la guerra de la contra en Nicaragua.
 
Durante años, ocultaron la verdad. Ahora todo el mundo sabe que el Gobierno llevó la cocaína barata a las comunidades negras, en especial, y que uso las ganancias para pagar su guerra sucia de asesinato y sabotaje contra Nicaragua.
 
Durante 10 años, los líderes del Gobierno han acusado al pueblo, especialmente a los jóvenes negros, de  causar la “epidemia de droga”  y  han  mandado  sus  perros uniformados a invadir, golpear y arrestar. Ha llenado las cárceles con toda una generación de jóvenes negros y latinos con el santo pretexto de la guerra “contra la droga”. Ahora está saliendo a la superficie información de que esos mentirosos hipócritas eran los grandes narcos y crearon la “explosión de crack”.
 
En la CIA hay tres niveles de agentes: primero, altos funcionarios de la CIA: gente como Willian Casey, Duane Clarridge, Donald Gregg y George Bush. Segundo, oficiales u operativos de la CIA: individuos que fueron a escuelas especiales de entrenamiento de la CIA y que por ley deben ser ciudadanos estadounidenses. Esos oficiales por lo general se mantienen escondidos y operan por medio de sus agentes. Tercero, agentes de campo o agentes por contrato: la gente pagada para llevar a cabo espionaje o tramboyas secretas bajo la dirección de oficiales de la CIA. No es fácil encontrar la verdad de las operaciones de la CIA. Sus agentes tienen elaboradas tramas para disfrazarse y se presentan como civiles, mercenarios particulares o agentes “retirados”. Además, la Ley de Protección de Identidad de 1982 se aprobó justo cuando la CIA empezaba su guerra de la contra. Esa Ley prohibió desenmascarar a agentes de la CIA. El Gobierno primero amenaza con meter a la cárcel a cualquiera que destape a sus agentes de la CIA, ¡y después acusa a sus críticos de no tener “pruebas concluyentes” de la participación de la CIA! 
 
NARCOTRAFICO, A DONDE VAN LAS GANANCIAS
 
DROGAS Y PLANES ANTISUBVERSIVOS

Los Estados Unidos a través de sus agencias y medios de comunicación vienen desarrollando una intensa campaña, de carácter moralista que los ubica como los héroes y paladines de la lucha contra la droga. Esta campaña tiene que ser lo más amplia posible para ocultar las evidentes contradicciones de la política exterior de este país que se sirve de la droga cuando lo necesita y la denuncia cuando puede servir a sus intereses. La propaganda en sí, sirve de cortina de humo, para encubrir sus objetivos militares y políticos en América Latina. Intentan mediante la “lucha contra la droga” camuflar sus planes intervencionistas en Perú y otros países. De no existir la droga como argumento, se inventaría cualquier historia para justificar la agresión de los EE.UU. En Vietnam el Ejército norteamericano se involucró en un fabuloso tráfico de opio. En Granada no había drogas, pero las tropas yanquis invadieron esta República, según ellos para garantizar la democracia  y la seguridad de los gringos en este país. En Nicaragua, no se conoce ni el color de la hoja de coca, pero igual, los norteamericanos apoyaron y financiaron con narcodólares del “Irangate” a las bandas contrarrevolucionarias. En Panamá, 16 mil marines apoyados por una  flota  de  modernos  aviones de guerra  asaltaron  este  país para detener a Noriega antiguo socio de ellos y ex  agente de la CIA. Seis mil muertos y decenas de desaparecidos fue el asalto “antidrogas” de la operación “Justa Causa” de los Estados Unidos. Hoy los bancos y financieras de  Panamá  protegidos  por  el  ejército USA. , han duplicado  sus operaciones de lavado de narcodólares. 
 
¿Qué se esconde detrás de la “guerra contra la droga”
 
El 14 de mayo del 91 gobierno peruano y norteamericano en el más absoluto secreto firman un “convenio antidrogas”. Por este acuerdo el Estado peruano se convirtió en una vulgar agencia de segundo orden del régimen de G. Bush. Se entregó la conducción de la lucha antiguerrillera a las tropas yanquis. En teoría, los yanquis se comprometen a “luchar contra el narcotráfico”, para ello de acuerdo al convenio otorgarán 34.9 millones de dólares para “ayuda militar”, y cerca de 60 millones para la “balanza de pagos” y sólo 1.9 millones para la propagandizada “sustitución de cultivos” en reemplazo de la coca. Por su parte el régimen de Fujimori se compromete a hacer funcionar la “economía social de mercado” en la zona cocalera, así como pagar puntualmente la deuda externa y entregar al gobierno yanqui, la dirección política y militar del país. El FMI., el BM y otras instituciones del imperialismo toman por su lado, la dirección política económica del país. Con esto, el Estado y Gobierno del Perú quedan en completo tutelaje de la administración Bush. 
 
¿Tienen autoridad moral los gobernantes norteamericanos para hablar de lucha contra la droga?
 
EE.UU. es el principal beneficiado de las fabulosas ganancias del narcotráfico internacional. Según especialistas más de 110 mil millones de dólares ingresan anualmente al sistema bancario de este país. La droga le reporta su segundo ingreso económico después de la industria bélica. EE.UU. es el principal mercado del narcotráfico internacional, y está ubicado entre los principales productores de droga en el mundo. La población de este país registra los índices más altos de consumo de estupefacientes. El norte de California, es una zona conocida por su cuantiosa   producción   de   Cannabis.   Sólo   en   1989  arrojó   una producción de 4,850 toneladas de esta droga. Acaso los 3 mil agentes de la DEA., con su fabuloso presupuesto de 700 millones de dólares anuales han hecho algo serio para erradicar las inmensas plantaciones de Cannabis en su propio territorio.
 
El gobierno norteamericano se beneficia hasta por partida triple con el dinero del narcotráfico mundial. Los países latinoamericanos, productores de coca (Colombia, Perú y Bolivia), pagan parte del servicio de la deuda externa con dólares provenientes de la droga. La deuda externa boliviana salió de la bolsa de valores cuando cayó el precio de la cocaína. El Gobierno peruano compra anualmente cerca de 1,500 millones de dólares del narcotráfico, dinero que se dirige a la caja del FMI, BM, y otras agencias de las potencias imperialistas. En estos tres países, el principal producto de exportación es la droga, la que les reporta, en algunos casos, el 50%, 80% y 250% del total de sus divisas. Los países andinos, en un proceso de corrupción y bancarrota total, no podrían sobrevivir sin los  ingresos  económicos  del  tráfico de drogas.  Todas  las instituciones de estos Estados, incluidas las fuerzas armadas y policiales, están ligadas al narcotráfico. Es conocido además, como los norteamericanos se vinculan al narcotráfico internacional.
 
En Afganistán, son aliados de los “moudjahidin” que financian las compras de armas y pertrechos militares con el tráfico de opio. En el Líbano, importante productor mundial de haschisch, donde en el llano de la Bekaa cada clan en conflicto tiene su parcela de cultivo de Cannabis, ocurre lo mismo; los EE. UU., hacen de la vista gorda, siempre y cuando parte de los dos millones de dólares anuales que percibe de este país del narcotráfico, se invierta en la compra de armas a los países occidentales. En Líbano se gastó, entre 1976 y 1985, un promedio de 400 a 500 millones de dólares por año en compra de armas destinadas a sostener su guerra interna.
 
De otro lado, resulta curioso constatar, que a los norteamericanos les preocupa poco combatir las drogas que en términos porcentuales van en ascenso en el mundo o que son más consumidas. La heroína representaba en 1969 el 18.3% del consumo total de las drogas ilícitas y subió en 1988 a 35.7%; el cannabis, cuyo principal productor es Norteamérica, registró 69.0% para el año 1969 y 60.3% en el año1988. Cifras actuales revelan que hay 750.000 heroinómanos sólo en los Estados Unidos.

Otro argumento de peso que pone al descubierto la falsa “guerra contra la droga” de los estados Unidos es el hecho que las autoridades norteamericanas ocultan, que la droga de mayor consumo en su territorio, es el cannabis y el opio. Ubicándose la cocaína en tercer lugar. El cannabis y el opio tienen la mayor incidencia económica en el mercado mundial de la droga. De un total de 150 mil millones de dólares registrados para 1987, a la cocaína sólo le corresponde 27 mil millones de dólares.
 
En resumen, los planes  “antidrogas” de los Estados Unidos, han servido para todo menos para luchar contra el narcotráfico. Un reciente informe de la Subcomisión de Información de Gobierno, Justicia y Agricultura de la Cámara de representantes del Congreso de los EE.UU., admite que los planes antidrogas que el Departamento de Estado, ha establecido desde 1989, para Colombia, Perú y Bolivia, fueron un fracaso y que sólo logró erradicar el 2% del total de los cultivos de coca; y que por cada hectárea eliminada, se sembraron 5 nuevas. El informe es contundente, cuando afirma que en 1989 la producción de coca aumentó en 12%, al mismo tiempo que la población norteamericana gastaba 100 mil millones de dólares al año en la compra de drogas.
 
Otro de los aspectos a destacar, es que en el periodo 1981 – 1989, etapa de vertiginoso crecimiento del narcotráfico los Estados unidos gastaron 573 millones de dólares, en sus programas a nivel mundial, de erradicación de los cultivos ilícitos. De esta cantidad, sólo el 3% fue destinado a los que ellos tanto propagandizan, la “sustitución de cultivo”, el resto fue dirigido a la represión militar. El monto invertido por los norteamericanos, en “la guerra contra la droga, resulta ridículo, si se compara con los 110 mil millones de dólares del narcotráfico que reciben anualmente sus bancos. 
 
LOS VINCULOS OFICIALES DEL NARCOTRAFICO
 
En Perú existen cientos de ejemplos de la conexión narcotráfico – gobierno. En su oportunidad la prensa denunció cómo el conocido narcotraficante Carlos Langberg había financiado la campaña electoral del Partido Aprista  (APRA) en 1980. Recientemente Alan García Pérez, ex presidente del Perú y líder aprista, ha sido expulsado de la Cámara de senadores y entregado al Poder Judicial, para ser juzgado por enriquecimiento ilícito y por mantener turbios negocios con el Banco de Crédito Internacional (BCCI), conocida institución financiera que a través de su 70 filiales  en el mundo se dedicaba al “lavado” de narcodólares. Durante la administración de García Pérez, el dictador de Panamá Manuel Noriega fue condecorado con la máxima distinción del Estado peruano. En diciembre de1989, el mismo García, entregó públicamente armas a Pompeyo Javier Torres, conocido con el apelativo de “comandante Huayhuaco”, jefe de paramilitares en Ayacucho, que con el apoyo de las Fuerzas Armadas manejaba una gigantesca red del narcotráfico. Actualmente, el “comandante Huayhuaco” está en prisión purgando condena por narcotráfico y asesinato de decenas de campesinos.  José Barsallo Burga y Agustín Mantilla, ex ministros del Interior del régimen aprista, están acusados por el Poder Judicial de ser los responsables de la desaparición de 72 toneladas de pasta básica  de cocaína encautada a narcotraficantes colombianos y peruanos.
 
Alberto Fujimori, actual gobernante del Perú, se presentó a la campaña electoral llevando en su lista parlamentaria a Carmen  Polo Loayza (madame Carmelí), sentenciada en 1981 a 10 años de cárcel por delito de narcotráfico, y Alcides Salomón Zorrilla abogado del narco Carlos Langberg. Los medios de comunicación del país, han revelado en diferentes oportunidades, el vínculo de diplomáticos del gobierno con mafias de la droga. Incluso se ha descubierto que naves de la Marina de Guerra del Perú han servido para trasladar cocaína al extranjero. En varias ocasiones la corrupción y el negocio de la droga, alcanzó,  a importantes jefes de las Fuerzas Armadas y policiales.  Se conoce que las bandas de narcotraficantes, que operan en la selva, tienen la protección del ejército y la policía.
 
Un informe reciente en el congreso cita a los militares peruanos disparando sobre la policía local y agentes americanos del DEA en patrulla en el valle del Alto Huallaga… residentes locales a menudo declaran que personal militar peruano cierra la carretera principal en la zona para permitir aterrizar a aviones narcotraficantes colombianos. Una vez que se ha cargado la pasta  de coca e intercambiado el dinero, se levanta el bloqueo del camino…”  (La Guerra en los andes, el rol militar en la política internacional de los Estados Unidos sobre la droga), Coletta Youngers, diciembre 1990.
 
Este mismo fenómeno se ha dado en Colombia, donde el narcotráfico financió campañas electorales. Incluso miembros del Cartel de Medellín formaron su propio partido político, y llegaron a tener  representantes en el parlamento de ese país. En Bolivia, la cosa no ha sido diferente. En 1980, una banda de narcotraficantes  encabezados por el general García Meza y el coronel  Arce Gómez tomaron el control del gobierno, y con el concurso directo de las Fuerzas Armadas impulsaron el negocio de la droga.  
 
EL APRA Y LA COCA
 
Nunca tuvimos dudas del vínculo entre el narcotráfico  y el ex régimen dirigido por el aprista  Alan García Pérez. Desde 1985 hicimos diferentes denuncias  al respecto. En marzo de 1989, presentamos un documento ante la 45 sesión  de la Comisión de los Derechos Humanos de la O.N.U., que demostraba la relación del gobierno de García con las bandas internacionales de narcos. Ahora a consecuencia de las investigaciones de la fiscal Eva Astete Carvajal, se conoce que desde el ministerio del Interior del anterior gobierno se traficaba con miles de kilos de droga.
 
La fiscal Astete, acaba de acusar a José Barsallo Burga y Agustín mantilla, ambos ex ministros del Interior del APRA, de ser los cabecillas y responsables de la desaparición de 72 toneladas  de pasta básica de cocaína, estimada en el mercado norteamericano en 1,189’855,600 dólares. Además del robo de maquinarias  y dólares en efectivo provenientes de las confiscaciones. Otros de los implicados en este millonario negocio, es el coronel Juan Zarate Gambini, es comandante de los operativos antidroga “Cóndor”, mediante el cual se “confiscaba” droga y dólares a narcos que operan en la selva peruana.
 
Según las investigaciones, Mantilla y Barsallo Burga en complicidad con altos jefes policiales utilizaban, para apoderarse de la droga incautada, la modalidad de la “quema falsa”. Esto se realizaba de forma muy simple. Una vez confiscada la droga a las bandas de narcotraficantes, se llamaba a la prensa escrita, televisión y demás medios de comunicación, para que presencien la “quema” pública de la droga. Para darle viso de legalidad se convocaba a jueces y fiscales, sin faltar ministros y funcionarios.
 
Ahora se conoce que la droga, antes de ser “quemada”, era cambiada por harina refinada de trigo, mezclada con productos químicos, que al incinerarse  arrojaba olor semejante a la pasta básica de cocaína. Esta pantomima se realizó docenas de veces  durante el régimen  aprista. Se sospecha que las 72 toneladas de droga, sean sólo una minúscula parte de una cantidad fabulosa de cocaína que ha traficado el APRA durante su administración gubernamental de 5 años.
No es la primera vez que en Perú, se denuncia al APRA por su ligazón con el narcotráfico. Algunos casos ilustran esta aseveración.
 
Los altos dirigentes de este partido no pudieron ocultar sus vínculos con el conocido traficante Carlos Langberg Meléndez. Este personaje, que esta en la cárcel  desde hace más de 8 años, fue quien financió la campaña electoral aprista de 1980. Compró y dono la casa donde vivió Víctor Raúl Haya de la Torre, ahora convertida en casa museo de este partido.
 
En marzo de 1989, el régimen de García Pérez originó un escándalo internacional, cuando la policía británica capturó con 20 kilogramos de clorhidrato puro de cocaína, a José Manuel Pacheco Núñez consejero del Servicio diplomático Peruano y futuro embajador del gobierno aprista. La policía inglesa, descubrió que el tal Pacheco, era una de las piezas de una gigantesca mafia de narcotraficantes.
 
Después vendría el caso de Manuel Ángel del Pomar, ex parlamentario y prominente dirigente aprista, que fue descubierto y detenido por la policía alemana  en Berlín, se comprobó que el diputado del APRA estaba vinculado a una conocida banda de narcotraficantes. Gestiones del régimen de ese entonces lo salvaron de ir a una prisión berlinesa. Fue expulsado a Perú. Después, amparado por el régimen de Alan García y su partido, pudo fugarse al exterior y ahora se encuentra cómodamente en alguna ciudad de Alemania.
 
Podríamos llenar páginas con casos semejantes que demuestran la relación del APRA y las bandas de narcos. Las investigaciones de la fiscal Eva Astete, podría tener una cola bastante larga que llegaría a los mismos Estados Unidos. Según la revista peruana OIGA, el coronel Juan Zarate Gambini, ex jefe de la División de la Policía de drogas (DIPOD), era brazo derecho de Agustín Mantilla y trabajaba estrechamente con los efectivos  de la DEA haciendo de Santa Lucía  (base yanqui en la selva peruana), su cuartel general. De allí, que no se descarta que los militares norteamericanos acantonados en esta base sean socios de este fabuloso negocio de cerca de 1,500 millones de dólares.  
 
 
 


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